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De guerra y capacidades diferentes

EL PRIVILEGIO DE OPINAR

Manuel Ajenjo La guerra, dijo Ambrose Bierce (1842-1914) es “producto derivado del arte de la paz”. Escribo en el séptimo día de la invasión de Rusia a Ucrania. Casi 200 mil efectivos rusos están en territorio ucraniano. Ayer la ciudad de Jersón, situada en una ensenada del Mar Negro, un punto de importancia estratégica, fue tomada por las tropas rusas. Las autoridades ucranianas han alertado a la población de la capital Kiev, de nuevos lanzamientos de misiles por parte del Ejército de Rusia.

En sólo siete días el conflicto bélico ha generado consecuencias ominosas en todo el planeta. Los precios del petróleo y del gas impactan en los de por si elevados niveles de inflación mundial. La organización Save the Children, prevé que la conflagración va a provocar la hambruna de miles de niños en el mundo por el aumento vertiginoso del precio del trigo. También se pronostica una crisis de refugiados en Europa al haber ya más de medio millón de ucranianos escapados de la guerra que buscan refugio en las naciones vecinas.

En opinión del internacionalista Arturo Sarukhán, la pugna ruso-ucraniana ha ocasionado “una unidad entre Europa y EU no vista en años”, que puede engendrar una Segunda Guerra Fría. Al respecto, el analista y diplomático mexicano, en un artículo publicado en El Universal, cita lo dicho en 1993 por el ensayista alemán quien presagió que a la Guerra Fría le seguiría “un periodo de caos y de conflicto”; “al reflexionar acerca de lo que ocurría en la exYugoslavia, descubrió un mundo con la ‘inhabilidad de distinguir entre destrucción y autodestrucción’. En el mundo decía él, ‘ya no hay necesidad de legitimar acciones; la violencia se ha liberado de la ideología’”.

Neurodiversidad

En la versión de internet de El Economista del lunes-martes pasados, la acostumbrada pregunta fue: ¿Conoces alguna empresa que sea incluyente con personas de capacidades diferentes? Me extrañó que el 49% —casi la mitad— haya contestado que sí, porque mi percepción es que no. Tengo un hijo adulto de 29 años, en condición de autismo nivel uno, también conocido como Síndrome de Asperger, que con las debidas adecuaciones curriculares terminó la preparatoria, al que le ha sido muy difícil desarrollarse en un trabajo. El papá de unos niños en condición de autismo más severo, le dio trabajo en su empresa. Sus jefes inmediatos, sin conocimientos para tratar el trastorno obsesivo compulsivo que manifiesta mi hijo quien, además, no denota signos externos de su condición neurodiversa, fue considerado por los “normales” —neurotípicos— como tonto o flojo provocando burlas y regaños que lejos de hacerlo sentirse útil con el trabajo le provocaron enojos difíciles de explicar y entender por él mismo, así como frustración y estrés. Lo mejor fue darle las gracias a su empleador. (Como dato adicional en la actualidad nacen más personas en condición del espectro autista que con Síndrome de Down. Existen más autistas que niñas y niños con cáncer). Tal vez las lectoras y los lectores que contestaron sí en la encuesta lo hayan hecho sin vivir en su cercanía familiar esa forma de discriminación para con las llamadas eufemísticamente “personas de capacidades diferentes”, proyectándose en la idea de que ellos, de estar en sus manos, serían incluyentes en sus empresas con estos seres. Pero la realidad es otra. Puede darse el caso de que personas cuyas capacidades diferentes —físicas o neuronales— sean visibles y las contraten por lástima —dicho con franqueza, sin crueldad ni afán discriminatorio— para trabajos fáciles y mal pagados. También, debo decir, que hay sujetos con capacidades diferentes que pueden trabajar, en determinados asuntos o proyectos, igual o mejor que los individuos llamados normales. Son la excepción que confirma la regla.

Punto final

La Federación Mexicana de Futbol pidió a los aficionados lanzar un grito contra la guerra. Ojalá y a éstos no se les ocurra gritar: ¡Eeeeeehhh Putin!

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