Diversidad del español en México: el aporte de las lenguas indígenas



El contacto entre el español y las lenguas indígenas en el continente inicia con la llegada de los españoles en el siglo XVI. En ese mismo siglo ya se documentan préstamos de palabras del náhuatl en el español de la época. De igual manera algunas palabras del español se incorporaron en las diferentes lenguas indígenas para referentes como ‘vaca’, por ejemplo (baga en otomí; baak en tepehuano del sureste) –lo que muestra la doble dirección en la influencia entre las lenguas. Este fenómeno tiene una motivación clara, ya que ante las nuevas realidades y debido a la ausencia de referentes culturales, los hablantes suelen nombrarlos en la lengua de origen. Esto ocurrió con los dos grandes grupos que se enfrentaban a una nueva realidad. Sin embargo, los préstamos no se limitaron a la necesidad de nombrar un referente porque éste no existiera en la lengua. En el español de México, por ejemplo, hemos incorporado a nuestro léxico varios términos para referir a un niño (escuincle, chamaco, chilpayate).


Actualmente empleamos de manera cotidiana palabras que provienen de varias lenguas indígenas. Además de los préstamos más conocidos de origen náhuatl –como chocolate, tomate y aguacate, que han trascendido nuestras fronteras– hay algunas palabras provenientes de otras lenguas originarias que se emplean de manera general en el país como tepache y huarache (provenientes del purépecha), cigarro, cenote, achiote y pibil (provenientes del maya) y guarura (proveniente del rarámuri ‘grandulón’).

Otras palabras, originarias de lenguas indígenas, solo se emplean en alguna región del país. Por ejemplo, en Sonora buki refiere a los niños (proveniente del yaqui); en Yucatán se emplea el verbo anolar (proveniente del maya) para referir a la acción de deshacer algo en la boca; en Chiapas es común escuchar bolo con el significado de ‘borracho’ (proveniente del tsotsil). En Oaxaca la palabra chunco (proveniente del zapoteco) se emplea para designar al hijo menor de una familia. Se trata pues de palabras plenamente incorporadas al español mexicano, que nos distinguen del español general, el cual seguimos resignificando y adecuando a nuevas realidades. Esto ocurrió con la palabra huachicol que no era tan usada hace algunos años, y que se empleaba anteriormente para referir a una bebida alcohólica adulterada, pero que dio lugar al sustantivo huachicolero para referir a las personas que se dedican al robo de combustible.

Alrededor de 1538 a 1650, surgieron nuevas dinámicas culturales como producto de la conquista y colonización que llevaron a los hablantes a aprender la lengua del otro, produciendo bilingüismo, entendido en sentido amplio, como el hecho de que una persona hable dos lenguas. Con el paso de los años y con el aumento de las relaciones entre hispanohablantes y hablantes de lenguas originarias, el contacto se va haciendo más intenso, y con ello la influencia lingüística va permeando en las lenguas en contacto en ambas direcciones. Sin embargo, como lo mencionamos al inicio, nos centraremos en ver qué ha pasado con el español en México. Es importante mencionar que la influencia de una lengua sobre otra no solamente se da importando material, como ocurre con los préstamos, sino que es posible encontrar influencias indirectas en las que el contacto se vea reflejado en la modificación del sistema lingüístico de la lengua receptora (lo expondremos más adelante).

Algunas características del español que hablamos se han atribuido a la influencia de estructuras provenientes de alguna lengua indígena; tales como el uso frecuente de diminutivos, la doble marcación de posesivos (su casa de él frente a su casa; me duele mi cabeza frente a me duele la cabeza) y la doble marcación de objeto (lo habla bien el español frente a habla bien el español). Sin embargo, existen opiniones encontradas acerca de dicho origen y no hay evidencias lingüísticas suficientes para decantarse en cualquier sentido. Es verdad que en algunos casos es clara la influencia de una lengua. Esto sucede, por ejemplo, con el significado que le atribuyen los yucatecos al verbo buscar, pues en maya el verbo kaxtik significa tanto ‘buscar’ como ‘encontrar’.


La mayor parte de los ejemplos que hasta ahora hemos presentado tienen en común el ser empleados por hablantes monolingües de español. El vocabulario que se usa de manera específica en algunas regiones del país ha permitido hacer distinciones de los diversos dialectos del español mexicano. Esto implica que son usos aceptados que se han arraigado en las diferentes comunidades de habla y que conforman la identidad del español hablado en México y la de sus hablantes.

No obstante, la situación del mal llamado “español indígena” es muy diferente. Este término se ha empleado para categorizar el español hablado como segunda lengua por hablantes cuya primera lengua es una de las 364 variantes lingüísticas reconocidas por la Ley General de Derechos Lingüísticos de los Pueblos Indígenas, creada en el año 2003.

Consideramos que hay varios problemas con el término español indígena.


/iifilologicas.unam.mx

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