Ecofeminismo, un movimiento con papel fundamental en el cuidado de la naturaleza

 “Lo que hacemos al suelo, lo hacemos a nosotros mismos.”


Para las mujeres, agregar una perspectiva de género a las soluciones medioambientales es una parte clave en su desarrollo.


El ecofeminismo es una teoría y un movimiento social que sostiene la existencia de vínculos profundos entre la subordinación de las mujeres y la explotación destructiva de la naturaleza, con el objetivo de alcanzar la justicia para las mujeres y transformar la relación humana con los demás seres vivos y los ecosistemas.


"El objetivo más profundo de la filosofía ecofeminista es una redefinición del ser humano que implica una redefinición de los demás seres vivos para habitar más pacíficamente la Tierra". Alicia Puleo filósofa

Las mujeres son mayoría en los grupos ecologistas a nivel internacional, sin embargo, para Puleo, «ocurre como en otros movimientos y en casi todos los sectores: nosotras raramente llegamos a la parte más elevada de la pirámide, nos encontramos en las bases».

Entre los temas que llevaron a algunas feministas de los países más industrializados a desarrollar el ecofeminismo, estaba la preocupación por la salud amenazada por la contaminación, en especial la de los más frágiles, es decir, niñas y niños, el trato dado a los animales, la amenaza de guerra nuclear y la insostenibilidad del modelo productivo basado en recursos no renovables y destrucción de los ecosistemas.

«Otra cosa es que biológicamente el cuerpo femenino tiene una mayor vulnerabilidad ante la contaminación. Esta cuestión ha sido comprobada por numerosos estudios que indican que los agrotóxicos presentes en los alimentos y en las dioxinas de las incineradoras nos afectan más a las mujeres que a los hombres. Existen claros indicios de que el aumento del cáncer de mama en los últimos cincuenta años se debe principalmente a la contaminación medioambiental con xenoestrógenos, es decir, sustancias químicamente similares al estrógeno.

Se encuentran en los alimentos cuando contienen restos de pesticidas organoclorados o dioxinas provenientes de incineradoras, en pinturas, ciertos productos de limpieza y perfumería, en los plásticos, en las resinas sintéticas, etc. Se han detectado parafinas cloradas y pirorretardantes bromados en la leche humana materna. Pero se habla poco de estas causas medioambientales de enfermedad. Hay un mayor número de mujeres entre los afectados por el síndrome de hipersensibilidad química múltiple (SHQM), porque nuestros cuerpos tienen un mayor porcentaje de células grasas, y esto nos convierte en bioacumuladoras de toxinas y nos hace más vulnerables a enfermedades que atacan tempranamente».




Historia


En la década de los sesenta las mujeres comenzaban a formar parte de los movimientos ecologistas (energía nuclear, revolución verde, expansión demográfica, industrialización, etc); y también de los movimientos feministas (control de sus cuerpos, reproductividad, división de trabajo, etc). 


El término ecofeminismo fue acuñado por la francesa Françoise d’Eaubonne en 1974; aunque fue hasta los años ochenta que el ecofeminismo se planteó como una posición filosófica gracias a la popularidad del movimiento y sus múltiples críticas alrededor del mundo. Por mencionar algunas tenemos a Val Plumwood, Ariel Salleh, Vandana Shiva, Maria Mies, Chris Cuomo, Mary Robinson, Alicia Puleo, etc. Desde los años 2000, se agregan a este movimiento corrientes como: ecofeminismo queer, animalista/vegano/anti especista, feminismo comunitario en Guatemala, etc 


Durante los inicios del movimiento, a algunas ecofeministas se les señalaba de “esencialistas”, esta corriente situaba a las mujeres “biológicamente” más próximas a la naturaleza, por ende, destinadas a solucionar problemas medioambientales desde nacimiento. Sin embargo, en la actualidad se nos enseña que no hay una fuerza femenina que se sitúe en la naturaleza, sino que debido a la opresión que han sufrido las mujeres y la comunidad lgbtq, estos grupos ocupan espacios cercanos a la destrucción ecológica. 


Como humanos debemos actuar en maneras que nutran y mejoren la salud de los individuos, de las especies y comunidades (incluyendo las comunidades ecológicas). Para empezar, es fundamental reconocer el papel de las mujeres (+lgbtq) en la conservación del medio ambiente; no existe sociedad que progrese si se subvalora a la mujer y a la naturaleza.


Como dice la ecofeminista activista y física Vandana Shiva “Lo que hacemos al suelo, lo hacemos a nosotros mismos.”; refiriéndose a esa conexión y responsabilidad que tenemos como seres humanos con la naturaleza. 


Con info de EFE


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