El camino de Porfirio Díaz al poder a través de las pistas documentales del AGN




La llegada de Porfirio Díaz al poder marcó el final de los gobiernos decimonónicos de carácter civil que habían sido encabezados por figuras como Benito Juárez, Sebastián Lerdo de Tejada y José María Iglesias. Esto dio paso al establecimiento de un régimen de carácter militar, mismo que mantuvo por cerca de 30 años a un general en la silla presidencial.

Archivo General de la Nación | 04 de diciembre de 2021


FotosTodos los retratos de los presidentes que aparecen aquí proceden de los fondos fotográfico del AGN.

El primer intento del general Porfirio Díaz por alcanzar el Poder Ejecutivo se presentó en 1871 con la proclamación del Plan de la Noria con el cual buscó oponerse a la reelección del entonces presidente Benito Juárez. No obstante, éste contaba con apoyo mayoritario de la población para continuar en el poder por su notable administración durante los conflictos de la Guerra de los Tres Años, la Segunda Intervención Francesa y la imposición del Segundo Imperio Mexicano.


Señala Daniel Cosío Villegas[1] que esté fallido levantamiento de Porfirio Díaz no sólo significó una derrota militar para un reconocido general, sino que también una derrota política al dejar en claro que durante el periodo de la República Restaurada los mexicanos respaldaban la supremacía del poder civil. Esta convicción se vio reflejada en 1872 cuando, ante la repentina muerte del presidente Juárez, el orden constitucionalista no se vio alterado. Esto permitió que el entonces ministro de la Suprema Corte de Justicia, Sebastián Lerdo de Tejada, asumiera la presidencia interina de manera infalible, pronta y firme, cargo que fue rectificado en las elecciones extraordinarias de México de 1872.


A pesar de que Sebastián Lerdo de Tejada se había opuesto a la reelección de Benito Juárez, no se sintió obligado a no seguir este mismo camino. En 1876 Lerdo anunció su intención de competir por su reelección, situación que volvió a ocupar la atención de Porfirio Díaz, quien nuevamente se pronunció en contra de la reelección en enero de aquel año con el Plan de Tuxtepec. Sin embargo, nuevamente el movimiento de Díaz fue visto como un cuartelazo más.


Para contrarrestar esta imagen, el 21 de marzo de 1876 en el campamento de Palo Blanco, Porfirio Díaz tomó la decisión de reformar el Plan de Tuxtepec. De manera particular en su punto número seis establecía que el Poder Ejecutivo se depositaría de manera interina en el Presidente de la Suprema Corte de Justicia, siempre y cuando este aceptara el Plan; pero en caso de encontrar negativa o nula respuesta del Poder Judicial el cargo presidencial sería asumido por el Jefe de las armas. Tal medida tenía tres objetivos en mente para Díaz: primero, dotar de un tono jurídico su alzamiento; segundo, poder atraer a su movimiento al entonces ministro de la Suprema Corte de Justicia, José María Iglesias, y tercero, tener el control del Presidente Interino al establecer la condicional de secundar el Plan.


A pesar de la revuelta militar que asolaba algunas partes del país, se llevaron a cabo los comicios para el cuatrienio 1876-1880, dando como ganador a Lerdo de Tejada, ratificado por el Congreso de la Unión. Ante tal resultado, José María Iglesias como representante del Poder Judicial de la Federación desconoció la legitimidad de las elecciones ante las irregularidades presentadas durante su proceso. Para octubre de 1876 Iglesias se retiró a la zona de Guanajuato en donde encontró apoyo político de Florencio Antillón y desde aquel estado llamó a defender los principios constitucionales. Denunciaba que estos habían sido ultrajados con el decreto reeleccionista expedido a favor de Sebastián Lerdo de Tejada, quien no contaba con legitimidad alguna para continuar en el cargo del Poder Ejecutivo. Así, Iglesias siguiendo la vía de la legalidad anunció que asumía el cargo de Presidente Interino Constitucional de la República Mexicana.


Ante este panorama, Lerdo de Tejada no tuvo más opción que dejar el cargo de presidente de la República y salir de la capital el 20 de noviembre de 1876. No obstante, la situación presidencial no resultaba solucionada; ya que desde un inicio Iglesias siempre había manifestado su oposicion al movimiento armado que sostenía Díaz, al grado de rechazar tajantemente su propuesta de secundar el Plan de Tuxtepec Reformado en Palo Blanco con una contundente respuesta: "O soy el representante de la legalidad o no soy ni quiero ser nada”.[2]


Esto llevó a una nueva guerra interna del país entre la facción legalista o constitucionalista dirigida por José María Iglesias y la facción militar encabezada por el general Porfirio Díaz. Para finales de noviembre de 1876, Díaz había logrado tomar la Ciudad de México en donde se declaró presidente de facto ante su victoria contra Lerdo.


A la par de los combates, José María Iglesias y Porfirio Díaz acordaron reunirse para mediados de diciembre en la Hacienda de la Capilla, Querétaro, para negociar una salida pacífica al conflicto armado. No obstante, una de las condiciones que se le quería seguir imponiendo al presidente de iure fue que todo arreglo debía tener como “base indeclinable” la aceptación del Plan de Tuxtepec. Por esta condición fracasaron las negociaciones, pues todo lo que se separaba de la Constitución de 1857 sería rechazado por Iglesias[3].


El rompimiento de las negociaciones dejó como última vía de acción las armas, por lo cual se mantuvo la compaña militar hasta enero de 1877. La guerra llegó a su fin con la traición de las fuerzas militares del puerto de Mazatlán, las cuales terminaron por entregar la plaza a Porfirio Díaz, dejando sin posibilidad alguna a Iglesias de reorganizar sus fuerzas, quien involuntariamente tuvo que partir al exilio para salvaguarda su integridad.


Sin duda la victoria de Porfirio Díaz significó un gran retroceso de la etapa política civil que la nación mexicana decimonónica había comenzado a vivir. Es cierto que esta etapa presentaba algunos problemas, como la cuestión de la reelección, pero no fue la bayoneta el medio para solucionar esas tensiones. Muy pronto el gobierno del general Díaz, establecido a través de la fortuna de la victoria militar, olvidó uno de sus fundamentos marcados en el Plan de Tuxtepec que fue la cuestión de la “no reelección”,[4] para dar paso a una dictadura que le permitió reelegirse en siete ocasiones.


A continuación, ponemos a tu disposición documentos de la Colección Fernando Iglesias Calderón, resguardados en el AGN, los cuales dan cuenta de la defensa legalista y constitucional de José María Iglesias ante el problema de las elecciones de 1876 y el pronunciamiento militar de Porfirio Díaz.

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