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El dolor en las mujeres es a menudo de mayor intensidad, que en hombres


•_A nivel mundial, la prevalencia del dolor crónico en mujeres de la población general es del 39.6%_


•_El dolor crónico debe ser reconocido como un problema grave de salud que requiere ser atendido con perspectiva de género, Dra. Teresa Nava_



El dolor es una experiencia subjetiva, individual y única, cuya apreciación y expresión puede variar de persona a persona; cuando supera los tres meses es considerado crónico .


El dolor también está integrado por un conjunto de pensamientos, sensaciones y conductas, que dan pie a múltiples sentimientos, como sufrimiento, ansiedad, depresión y desesperación, advierte la Dra. Teresa Nava Obregón, Jefa de la Clínica del Dolor del Hospital Universitario de la Facultad de Medicina de la Universidad Autónoma de Nuevo León.


En México carecemos de información estadística que permita conocer el impacto del dolor crónico en la población general. Sin embargo, diversos estudios realizados en la población mexicana, mayor de 65 años, sugieren que la prevalencia media del dolor crónico en las mujeres de ese grupo de edad es del 55%2.


El dolor clínico registrado en las mujeres es a menudo de mayor intensidad y frecuencia, de duración más prolongada y se presenta en un número superior de regiones corporales que en los hombres3. También pueden contribuir factores psicosociales, que tienden a normalizarlo y conllevan a aceptar vivir con él; aunado a que muchos pacientes son sometidos a pruebas exhaustivas sin encontrar una causa que justifique su padecimiento, otros son insuficientemente estudiados o con diagnósticos erróneos por la falta de capacitación médica ante este padecimiento, señala la Dra. Nava.


La Asociación Internacional para el Estudio y Tratamiento del Dolor (IASP), ha documentado que la prevalencia del dolor crónico en mujeres de la población general es del 39.6% (13.4- 55.5%) y que éste se presenta en un amplio rango de edades (15-86 años). Lo anterior nos hace suponer, que posiblemente, una proporción de las mujeres con dolor crónico se encuentren en edad reproductiva .


Las mujeres están más representadas en una serie de patologías dolorosas tales como la fibromialgia, la dorsalgia (el dolor de espalda originado en la zona de las vértebras), la disfunción temporomandibular, la migraña, la artritis reumatoide, el síndrome de intestino irritable, así como el dolor pélvico crónico, apuntó la especialista.


La Dra. Teresa Nava quien también funge como Coordinadora Estatal del Programa de Dolor y Paliativos de la Secretaría de Salud de Nuevo León, señala que un diagnóstico incierto afecta seriamente la eficacia del tratamiento del dolor. Asimismo, el estigma social –consciente o inconsciente– repercute en las personas que reportan dolor, sobre todo cuando no responden fácilmente al tratamiento, el médico clasifica al dolor como psicológico o psicogénico porque no encuentra la causa o cuando sí se reconoce la causa, pero no se logra controlarlo mediante el tratamiento y el médico pide al paciente que aprenda a vivir con el dolor.


Por lo que advirtió, que en México se requiere una transformación académica y cultural de la forma en que los médicos y pacientes ven el dolor y su tratamiento que debe tener una valoración multidimensional desde las áreas fiscas, psicológicas, sociales y espirituales, apuntó la jefa de la Clínica del Dolor del Hospital Universitario de la UANL.


El dolor crónico debe ser reconocido como un problema de salud que requiere ser atendido con perspectiva de género, debido a que, en un análisis de nueve hospitales en cinco estados de la República, se mostraron evidencias de las desigualdades entre hombres y mujeres referentes a la frecuencia de padecimientos atendidos en los servicios de salud, siendo la principal conclusión, que existen inequidades de género en la calidad de la atención, enfatizó la especialista.


Ello, finalmente, se traduce en las experiencias negativas de mujeres cuyo dolor ha sido subestimado, cuando todas contamos con el derecho a un diagnóstico y tratamiento oportuno, adecuado y a una vida sin dolor. No se puede normalizar el dolor, se debe buscar la manera de mejorar la calidad de vida, finalizó la Dra. Teresa Nava.


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