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El PRI, en fase terminal

Por Manuel Ajenjo

Por más que se aferre a la vida el enfermo está en la etapa terminal de su existencia. Y es natural, ha llevado una vida agitada y disoluta. Desde su nacimiento fue atacado por el virus de la corrupción. Hace tiempo que perdió el motivo de su existencia. Luego del lujo esplendoroso del carro completo, hoy vive de arrimado con el partido que fue creado para contrarrestar su fuerza. Ahora son almas gemelas. Quién lo dijera, se juntó el hambre con las ganas de comer


Recientemente, el 4 de marzo, cumplió años y por primera vez en su existencia no lo celebró. O cuando menos no lo hizo de manera ostentosamente pública. Y es que, ¿quién tiene ánimos para festejos cuando se lo está cargando el payaso? (Cualquier confusión entre el vocablo payaso como sustantivo y como el adjetivo que califica al dirigente nacional priista es mera realidad).


Nacido para la simulación, durante nueve décadas ha ostentado tres nombres y ha oscilado ideológicamente al ritmo que le marcara el mandatario en turno y cuando éste no surgió de sus filas, el rebaño se desconcertó, momentáneamente, luego los gobernadores integrantes de la piara (priara) se percataron que sin nadie que los pastoreara eran más libres para llevar agua a su molino económico: raterías, estafas y desfalcos llegaron a niveles mayúsculos que repercutieron en el estado de salud de quien hoy está postrado. La última deidad salida de esa recua, que al cinismo y cleptomanía característico de sus congéneres agregó la ignorancia; le dio la puntilla al desgastado moribundo que hoy se debate entre la vida y la muerte; entre Miguel Ángel Osorio Chong y Alejandro Moreno Alito.


Como no hay peor ciego que el que no quiere ver, todavía hay priistas que se aferran a la que en su tiempo fuera la agencia de colocaciones y empleos más grande de México y se preparan para dar la pelea electoral en los dos últimos bastiones que les quedan: Coahuila y el Estado de México, bajo la batuta del desafinado director de orquesta campechano.


Pero no todos los priistas son ingenuos ni conformistas. Si bien saben el origen de sus males, entienden que estos se han agravado con la forzada llegada a la dirigencia nacional del partido de Alejandro Moreno y tratan de mitigarlos exigiendo su renuncia al cargo. Se ha creado una corriente encabezada por conspicuos miembros de la grey tricolor que le han puesto un hasta aquí al jerarca más tramposo —y los ha habido a racimos— que haya tenido su partido. Para ellos no ha pasado desapercibido que bajo el mando de Alito el Revolucionario Institucional —un contrasentido en su denominación— ha perdido 19 gubernaturas y muchas posiciones en los congresos estatales y en el federal. En repetidas ocasiones han manifestado la necesidad de renovar de inmediato a la actual dirigencia, para replantear las estrategias y “fortalecer” al partido —yo diría que para salvarle la vida—.



Lo anterior ha sido expresado y se viene manejando desde agosto del año pasado sin que pase nada. Quien sabe de dónde estará agarrado Alito que, por el contrario de la opinión del grupo que está en su contra, logró la extensión de su mandato hasta que pase el tiempo en que los partidos habrán de enlistar a los participantes en los comicios federales del 2024 con la clara intención de lograr una pluricandidatura legislativa para él y con ella lograr fuero, es decir volverse intocable ante los posibles delitos de corrupción y tráfico de influencias que se le achacan. ¡Ah que Alito!


Punto final


Fui al supermercado y compré jamón que venía en una bolsa plástica, un jugo contenido en una botella de plástico, arroz empaquetado en un costalito de plástico, yogurt envasado en un recipiente de plástico. Pagué en la caja y no me quisieron dar una bolsa porque hay que cuidar el medio ambiente.

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