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El Samuelgate


El nuevo, se autoproclamó Samuel García Sepúlveda durante los días que se soñó candidato presidencial. “Hay quienes dicen que soy el nuevo y ahí sí tienen razón, soy el de las nuevas ideas, las nuevas inversiones, y las nuevas formas de hacer política. Lo nuevo es hacer posible lo imposible” –decía el regiomontano en los anuncios de Movimiento Ciudadano. Y resultó que de tan nuevo desconocía los artículos 89 y 90 de la Constitución del Estado de Nuevo León o, probablemente, trató de hacer posible lo imposible, nombrando por un plazo mayor a treinta días a su secretario de Gobierno, Javier Navarro, como gobernador interino.


Por ignorancia, capricho y/o soberbia Samuel aceptó ser el candidato a la presidencia por MC, pidió licencia para alejarse de la gubernatura, dejando como encargado del despacho a su secretario de Gobierno, Javier Navarro. Durante 10 días hizo precampaña, con relativo éxito. La suplencia de su secretario de gobierno sólo podía ser, según el artículo 89 de la Carta Magna neoleonesa, por 30 días.


Como las intenciones de García Sepúlveda eran las de separarse del cargo seis meses, el Congreso local, compuesto en su mayoría por diputados del PRI y del PAN, eligieron, como lo mandata el artículo 90 de la multicitada Constitución, un gobernador interino que resultó ser Arturo Salinas Garza, presidente del Poder Judicial del Estado. El Congreso neoleonés le tomó protesta a Salinas Garza, pero éste fue inhabilitado del cargo por el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación, debido a su reciente puesto en el Poder Judicial.


Tal parece que la prohibición para que Salinas Garza asumiera el interinato y la fuerza que estaba desarrollando la campaña emecista al conjuro de los tenis fosfo-fosfo, fueron una venda en los ojos de Samuel que le impidió ver la posibilidad que legalmente le quedaba al Congreso de elegir a otro ciudadano para el interinato. Además exacerbó su equivocada percepción de que él podía dejar un encargado del establecimiento que le cuidara el prestigio y las espaldas sin meter mano en la mermada caja de caudales y respetara los compromisos adquiridos.



Mas no fue así, el pasado miércoles el Congreso estatal de Nuevo León, eligió a Luis Enrique Orozco como gobernador interino, programando su toma de protesta para los primeros minutos del sábado 2 de diciembre al cumplirse el plazo del permiso de Samuel, quien se amparó contra ésta medida con un juez laboral de la Ciudad de México. Pero la Suprema Corte de Justicia ratificó la decisión del Congreso y a Luis Enrique Orozco como gobernador interino. Minutos después, el juez laboral de la Ciudad de México desconocía el amparo en el que ordenaba desconocer a Orozco.


Así, para Samuel, súbitamente las cosas se tornaron del color naranja al color de hormiga y del fosfo fosfo, al fofo fofo.


En los primeros minutos del sábado Luis Enrique Orozco rindió protesta como interino, mientras Samuel por conducto de su palafrenero Javier Navarro, manifestó su deseo de declinar a la candidatura presidencial y rectificar el camino para volver a la senda gubernamental. Esa noche Nuevo León durmió con la incertidumbre de tener dos gobernadores y la tristeza de la eliminación de Rayados en la Liguilla.



El domingo, reapareció Samuel García, para anunciar que se quedaría a gobernar para no ceder sus principios ya que el PRIAN le pedía, para dejar de interino a quien él deseaba, la fiscalía, la Auditoría Superior del Estado, mucho dinero del presupuesto, impunidad y exención de impuestos. (Sólo les faltó pedir una hermana de Mariana). Esa noche Nuevo León durmió más tranquilo con dos gobernadores pero con la alegría de que Tigres eliminó al Puebla.


Ayer, una vez logrado su propósito que era el de quitar de en medio la candidatura de Samuel que dañaba a la de Xóchitl, el PRIAN cedió. Samuel es el único gobernador neoleonés.


El perdedor del affaire se llama: Andrés Manuel López Obrador.







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