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Huracán de spots

Manuel Ajenjo


No será apocalíptico, como el Otis, porque no destruye nada material, pero tampoco construye ni siquiera conciencia cívica, ya no digamos política. En realidad sólo es ruido. Mucho ruido. Desde el pasado primero de marzo y hasta el 29 de mayo, la población del todo el país está siendo, y será, sometida a un pertinaz torbellino de 22 millones de spots —anuncios publicitarios— en radio y televisión.


De estos 22 millones de anuncios, aproximadamente 4.6 millones corresponden a las autoridades electorales, la cantidad correspondiente a los partidos políticos, que se distribuye según la votación obtenida en la elección inmediata anterior, ronda en los 17.3 millones. En términos exactos pasarán 22 millones 206 spots.


Los 4.6 millones de avisos publicitarios pertenecientes a las autoridades electorales, léase Instituto Nacional Electoral (INE) y Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TRIFE), tienen como objetivo crear conciencia ciudadana de la importancia del voto y promocionar la garantía de la limpieza del proceso comicial y su equidad; cosa que a mi entender, en el maremágnum publicitario electoral, con una proporción de 7 anuncios para dichas instancias de autoridad por 41 de los partidos políticos, éstos van a pasar desapercibidos y/o confundidos con los de los partidos. Y los promocionales de los partidos van a aturdir de tal forma que el público va a quedar pasmado sin saber, con certeza, cuál es la oferta electoral de quién.


Los 22 millones 206 anuncios de contenido comicial, están siendo transmitidos a través de la señal de 2,301 emisoras de radio y 1,408 transmisoras de televisión abierta. Lo que significa que cada concesionario sea de radio, sea de televisión, está cediendo 48 minutos diarios de su tiempo de transmisión, entre las 6.00 y las 24.00 horas. Así está mandatado, desde la reforma electoral del 2007, en nuestra Constitución, Artículo 41, apartados A y B con sus respectivos incisos. Por cierto, en el apartado C de dicho Artículo se ordena: “En la propaganda política o electoral que difundan los partidos políticos y candidatos deberán abstenerse de expresiones que calumnien a las personas”. Lo que viene a contradecir el manual ‘go negative’ de Jorge G. Castañeda. También dicho apartado prohíbe ‘toda propaganda gubernamental’, esto lo subrayo por si alguien tiene dudas y pregunta lo que se puede decir o no respecto a las obras y acciones de los gobiernos estatales y federal.

De regreso a los 48 minutos diarios en 18 horas de transmisión que son casi tres minutos —dos minutos dos tercios— por hora, el consejero del INE, Martín Faz Mora, comentó: “El Tribunal Electoral ya les autorizó (a los concesionarios) juntar todos los mensajes en los tres minutos de la hora y en los tres iniciales de la siguiente. Te los juntan todos y eso hace que la gente medio se aburra y le cambie”. ¿Medio se aburra? Por favor. En el supuesto que los anuncios sean de 30 segundos escuchar y ver 12 anuncios de los partidos políticos entremezclados con los de las instituciones electorales seguidos, no medio aburren, pueden causar erisipela, vómitos o diarrea —lo que ocurra primero.


Lo bueno, en mi opinión, es que los concesionarios saben su negocio y no van a ahuyentar a su público con ocho cortes de 6 minutos cada uno durante el día aunque se los permita la ley. Entiendo que lo que están haciendo es distribuyendo los anuncios durante las 18 horas de transmisión, según los horarios disponibles y de acuerdo al número de audiencia –—rating— estimada.


Diez y siete años después de que entró en vigor esta ley, es tiempo de preguntarse: ¿Es útil, orientadora y estimulante para los ciudadanos la profusión de anuncios transmitidos sin normas de calidad? ¿En verdad, partidos, candidatos y autoridades, están seguros de que sus spots son convincentes?


Punto final

Hay dos reglas para triunfar en la vida. La primera: Nunca des toda la información que posees.



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