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La Biblioteca de Francsico Toledo


El artista plástico creó la más amplia biblioteca de arte en Latinoamérica que en noviembre de este año cumplió 35 años



Francisco Toledo (1940-2019) creó una de las bibliotecas especializadas en arte más importantes de Latinoamérica, la cual es parte del Instituto Artes Gráficas de Oaxaca (IAGO) que fundó en noviembre de 1988. Actualmente el acervo asciende a más de 70 mil títulos.


También apoyó a más de 350 bibliotecas en el estado de Oaxaca: “Yo manejaba el vocho y en el asiento de al lado venía Francisco Toledo. En el de atrás, Omar Fabián Rivera, por ese entonces, 2004, coordinador de la biblioteca del IAGO Íbamos a entregar una donación de libros de Toledo al penal femenil de Tanivet. (Toledo seguiría donando libros a la biblioteca del penal durante años y en 2015 impulsó un proyecto de huertos comunitarios y un gallinero, todavía hoy vivo)”. Recuereda Ramón Salaberria en su texto Francisco Toledo, hacedor de bibliotecas. Ayudó a rescatar la Biblioteca Burgoa, cuyo fondo bibliográfico pertenece a la Universidad Autónoma “Benito Juárez”.





“Soy el que más ha aprendido de esta biblioteca… hay libros que hubiera deseado tener cuando empezaba en el arte. Por ejemplo, unas publicaciones de la UNESCO que veía en la galería de Antonio Souza, llegaron muchos años después a mis manos porque la familia de Rufino Tamayo nos donó su biblioteca”, comentó el artista plástico en entrevista.

Su relación con los libros se manifiestó no solo como lector y coleccionista de libros de arte, sino como editor e ilustrador. Su incursión formal en el mundo de las letras inició en 1975, cuando editó la revista Guchachi reza, La iguana rajada, para promover la cultura zapoteca, a lo que continuó con la creación de Ediciones Toledo, la cual entre 1983 y 1996 publicó libros de historia, fotografía, archivos, ensayo, poesía, narrativa y leyendas zapotecas.


En todos sus recintos culturales el maestro, como era conocido, contrató a jóvenes oaxaqueños proporcionándoles una formación en el oficio y un sueldo para poder seguir con sus estudios. “IAGO que fue una casa y una suerte de familia en la que Toledo era al mismo tiempo nuestro tío, jefe, abuelo, padre adoptivo serio o malencarado por ratos, a veces profundamente amable y amoroso; escurridizo, apresurado, o cavilando entre los libros con la calma de un santo que acaba de entrar a una biblioteca del mundo", escribió , Luis Manuel Amador, que trabajó con él siete años como bibliotecario.





Para Toledo, lo importante de la Biblioteca del IAGO era que los libros están a la mano de todos los usuarios, “porque en las bibliotecas de libros de arte no te los dejan sacar, porque son caros, delicados, porque los pueden manchar. Nosotros hemos dejado libros a la mano del usuario porque es un gusto sacar distintos libros a la vez”.


La poeta Natalia Toledo contó que su padre meditaba antes de prestar sus libros, debido a que “un día uno de sus hermanos le pidió uno prestado y después de leerlo se lo entregó todo arrugado y doblado. Se enojó muchísimo y se puso a plancharlo hoja por hoja”, recordó.

Agregó que Toledo “cuidaba tanto sus libros que, a veces, se juntaba con sus hermanos y amigos para cuidar que no pasaran las hojas con saliva”.

El cariño y el amor hacia los libros y las ilustraciones a temprana edad ya apuntaban hacia dónde iba Francisco Toledo, quien por esos años empezaba su carrera de ilustrador “no de libros, sino de las paredes de su casa”, para lo cual contaba con el apoyo de su padre.


Este año IAGO cumple 35 años y lo celebra con la exposición "Procesos", una colección de inédita de 150 piezas de estado y de autor de su fundador.





Anitzel Díaz



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