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La sucesión de don Lázaro

Por Manuel Ajenjo


Escribo lo que usted va a leer —espero— motivado por lo que el presidente López Obrador dijo el pasado sábado respecto a la sucesión del presidente Lázaro Cárdenas: “Era tal la oposición de la derecha que el general Cárdenas tuvo que actuar con cautela y posiblemente eso influyó para que apoyara la candidatura de Manuel Ávila Camacho y no la del general Francisco J. Múgica, con quien tenía más afinidad ideológica y el cual representaba una mayor certeza de continuidad y profundizar la política social y nacionalista”. En efecto, los historiadores coinciden en lo dicho por el primer mandatario de ese tema.


José Fuentes Mares, escribió en Biografía de una Nación que Cárdenas “cedió a la presión pública, y renunció a la candidatura de Francisco J. Múgica, su amigo, colaborador, y continuador, para decidirse por una candidatura de transacción —la del general Manuel Ávila Camacho— (…) Cárdenas había hecho su parte, y al transigir, por patriotismo del bueno, dio marcha atrás en el experimento político más audaz de la Revolución”


En sus ‘Memorias`, el que fuera cacique potosino, Gonzalo N. Santos, narra el día que don Lázaro les dijo a los senadores de la Republica: “Sé que ustedes andan inquietando para la futura sucesión presidencial a tres de mis secretarios de Estado, los generales Francisco J. Múgica, Rafael Sánchez Tapia y Manuel Ávila Camacho, secretarios de Comunicaciones y Obras Públicas, Industria y Comercio y de Guerra y Marina (en ese orden los enumeró) (…) Si ustedes no cesan de esta labor ‘futurista’ me veré precisado a cesar a los tres secretarios de Estado”.


Cuenta don Gonzalo que en la reunión habló Ernesto Soto Reyes, “que era apasionado jefe del mugiquismo y dijo que no había labor abierta en el Senado sólo corrientes de simpatía”. Posteriormente en el uso de la palabra Santos expresó: “Lo que acaba de decir el compañero Soto Reyes es verdad, hay corrientes de simpatía en el Senado para los generales Múgica y Ávila Camacho. Respecto al general Sánchez Tapia, no hay ningún compañero, adicto a él, cuando menos que yo sepa; pero ante todo estamos con el actual Presidente de la República y es nuestra obligación acatar sus orientaciones”.


Luego cuenta que se retiraron todos “con el ánimo de no hacerle caso” (al presidente —acátese, pero no se cumpla—). Eran 12 los senadores que apoyaban a Ávila Camacho —los 12 apóstoles—, mismos que se dirigieron a Puebla para pedir el apoyo del hermano del precandidato, Maximino Ávila Camacho a quien en principio le cayó como bomba que su hermano menor “ni siquiera ha sido regidor de nuestro pueblo: Teziutlán”. “es un bistec con ojos” pudiera ser presidente, puesto que él creía merecer. Finalmente lo convencieron y apoyó la candidatura de Manuel, pensando —digo yo— en ser su sucesor.



En una semblanza sobre Francisco J Múgica, Anna Ribera, narra: “Cuando los movimientos políticos con miras a la sucesión presidencial se evidenciaron como imparables, y para evitar suspicacias, el presidente sugirió a los tres generales que sonaban que se separaran del gabinete (…) La precandidatura de Múgica resultó sumamente radical. Su intención de continuar las políticas del sexenio cardenista no contó con las simpatías de los sectores moderados y conservadores dentro y fuera del régimen”.


El consejo extraordinario de la CTM decidió apoyar como candidato de unidad del Partido de la Revolución Mexicana (PRM) al general Ávila Camacho, tal como Lombardo Toledano y el propio Cárdenas habían acordado previamente.


A la candidatura del PRM se opuso la del Partido Revolucionario de Unificación Nacional (PRUN) que respaldó al general Juan Andrew Almazán. La elección se celebró el 7 de julio de 1940. La contienda pasó de los insultos a los golpes y de los golpes a los balazos. Ese día hubo 21 muertos y más de 200 heridos y comenzó la tradición: el partido oficial es invencible independientemente de lo que digan las urnas.



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