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La marcha de Marcelo

Por Alberto Aguirre


Del desayuno en Ocoyoacac a la cena en el Centro Libanés pasaron casi tres años. En ese tramo, los ebraristas hicieron ajustes a su estrategia y la estructura territorial que inicialmente coordinaba el diputado jalisciense Tomás Vázquez Vigil a una red de aliados —dentro y fuera de la Cuarta Transformación— operada por la senadora Malú Mícher y la subsecretaria Martha Delgado, quien en la última etapa ha tomado las riendas del equipo involucrado en el proyecto 2024 y en el que también participa Leticia Bonifaz.


La fase previa del camino de Marcelo Ebrard en pos de la candidatura presidencial cerró con el lanzamiento de su libro (El camino de México, Aguilar 2024), hace seis semanas. Las mediciones internas soportaban un adelantamiento en los planes, pero sobre todo el retraso —deliberado, a su juicio— de la dirigencia nacional de Morena para convocar a los precandidatos y definir las reglas del proceso de selección interna.


El cronograma importa y, sobre todo, la metodología. Los ebraristas saben que el posicionamiento y los atributos del canciller son mejores que los de la jefa de Gobierno, pero que los ponderadores en los 10 rubros identificados por la Comisión de Encuestas están diseñados para hacer ganar a la favorita de Palacio Nacional.


Martha Delgado es la primera ebrarista en dejar su cargo en el gobierno federal. En las próximas cuatro semanas habrá un éxodo de mandos medios y superiores en la Cancillería —principalmente de personal civil, no adscrito al servicio exterior de carrera—, convocados para acompañar a Marcelo Ebrard en la etapa más importante de su carrera política.


El canciller ha decidido adelantar su separación del cargo para recorrer el país y apuntalar su posición como el precandidato mejor posicionado, frente a la única mujer que —hasta ahora— es vista por el electorado con esa compunción. Los ebraristas están convencidos de que con el respaldo de la mayoría podrían ganar las elecciones en el 2024. Son los electores —sostienen—, los que deciden, no los dirigentes. Por eso se dedicará a averiguar de qué hablan, qué les preocupa y cómo quisieran proyectar al país, en el mediano plazo.



En el camino —y después de escuchar a la gente— decidirá si permanece en Morena o acepta encabezar otra opción política.


En Palacio Nacional preparan un relevo de lujo para la cancillería: la incorporación del actual embajador de México ante la ONU, Juan Ramón de la Fuente. Aunque el exrector de la UNAM podría pasar el último año del sexenio lopezobradorista como huésped principal en el Palacio de Covián.


Efectos secundarios


NIGROMANCIAS. Inoperante desde hace un mes, el Pleno del Inai se congregó en el salón de sesiones. La comisionada presidenta, Blanca Lilia Ibarra, había llamado a una rueda de prensa, pero escenificó una “sesión extraordinaria”, a sabiendas de que era imposible. Tras del pase de lista y la declaratoria de falta de quórum legal, dio paso a un farragoso alegato en defensa del derecho a saber y de su existencia después del cual, hay una certeza: los morenistas ya no extrañan a Lorenzo Córdova ni a Ciro Murayama.



IRRUPCIÓN. El debate sobre la nueva Ley Minera hizo aflorar la división de posturas dentro de la Cuarta Transformación en ese campo productivo. Además, generó una sacudida en el sector y la aparición del colectivo #CambiémoslaYa, que estaría vinculado con el senador Napoleón Gómez Urrutia, quien además de controlar al principal sindicato de la industria pareciera tener injerencia entre las ONG ambientalistas.



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