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Por COVID-19 828 mil 912 alumnos de primaria y secundaria no se inscribieron a este ciclo escolar


La pandemia por COVID-19 provocó que 828 mil 912 alumnos de primaria y secundaria del ciclo escolar 2020-2021 no se inscribieran al que está por terminar, lo que significa una tasa de abandono total de 1.9% en nivel primaria y 9.2% en secundaria.


A través de su informe, el Coneval estimó un aumento de pobreza en niños de seis a 14 años durante la pandemia: en 2018 el 50.3% se encontraba en situación de pobreza y el 8.4% en pobreza extrema, para 2020, ascendió a 52.8% y 10.2%, respectivamente.


Uno de cuatro menores en 2020 estuvo en hogares cuyo ingreso monetario no les permitía acceder a la canasta alimentaria y mucho menos a la tecnología.

Motivos principales


• La adaptación de la educación durante la pandemia fue posible debido a grandes esfuerzos y la implementación de prácticas innovadoras por parte de las comunidades educativas, principalmente docentes. Aunque es importante reconocer y documentar estos esfuerzos, es necesario implementar acciones de política, que doten de herramientas al Sistema Educativo Nacional para que estos procesos de adaptación educativos no recaigan nuevamente sobre las comunidades escolares.


• Las estrategias de adaptación de la educación durante el cierre de las escuelas dependieron del contexto de las comunidades y las características de los hogares: en el ámbito urbano, fue posible implementar la educación a distancia mientras que, en el ámbito rural, la educación tuvo que ser flexible con modalidades semipresenciales y mediante el uso de recursos impresos. Al respecto se sugiere buscar alternativas para incrementar el acceso de las poblaciones en edades lectivas a las Tecnologías de la Información, Comunicación, Conocimiento y Aprendizaje Digital (TICCAD), ya que puede esperarse que el uso de los recursos digitales se mantenga como una modificación en la educación.


• Las barreras y desigualdades en el acceso de las comunidades a servicios básicos, los problemas en la calidad de estos, así como las asimetrías en los recursos que las familias podían destinar a la educación, fueron los principales factores que dificultaron el ejercicio de este derecho durante la pandemia, y los grupos que más rezagos mostraban antes de la crisis fueron los más afectados. Como resultado de esto, en el corto plazo, se espera que se profundice el rezago educativo, y al mismo tiempo se volvió latente el riesgo de mayor desigualdad de oportunidades asociadas a la educación.


• Los recursos proporcionados por la Estrategia Aprende en Casa fueron relevantes en los procesos de adaptabilidad y su utilidad dependió del contexto y condiciones de las comunidades educativas: los más útiles fueron los Libros de Texto Gratuitos que sirvieron para todas las actividades pedagógicas (planeación, interacción educativa y evaluación) principalmente en las escuelas rurales, mientras los programas televisivos apoyaron la planeación docente. Los ajustes para la adaptación se realizaron de manera paulatina conforme las y los maestros y figuras educativas identificaban las limitantes de los alumnos y sus hogares, lo que demuestra la capacidad de respuesta y reacción que tiene la escuela y su personal docente para enfrentar una situación de emergencia.


• Los recursos digitales y el sitio de internet fueron recurrentes en el ámbito urbano y los Cuadernillos de trabajo Conafe se constituyeron como la herramienta esencial para este tipo de servicios que implementó una modalidad semipresencial como respuesta a la limitada conectividad de esas escuelas que permitió garantizar la continuidad de la educación en hogares con barreras de conectividad. En este sentido, Conafe tiene un papel relevante por lo que se sugiere que se le asignen mayores recursos y recuperar su experiencia para la atención de grupos vulnerables con contextos similares.


• El estudio demostró que la participación de la comunidad educativa es imprescindible para la adaptación de la educación a contextos adversos, por ello se requiere retomar, fortalecer y seguir fomentando la generación de redes de apoyo parental para promover espacios participativos en los que se involucren todos los miembros de la comunidad escolar, incluyendo a las y los estudiantes y a los padres y las madres de familia.

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