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Goya y Manet en la historia de México              


Anitzel Díaz

 

 

A Francisco de Goya no le cayó muy en gracia que le encargaran pintar un retrato de Fernando VII tras la abdicación de Carlos IV. Esto se nota en el resultado de la obra; una casi caricatura del soberano donde la figura es ridiculizada y la cara es chocante. La esencia del retratado, descrito como cruel cobarde y falso, es evidente. Parece que el sujeto está disfrazado de monarca. A su manera Goya hace justicia en el retrato, se aprovecha de su estatus como pintor para hacer su voluntad.

 



Goya

El ascenso al trono de “el Rey Felón” como fue conocido Fernando VII, finalmente significó la independencia de casi todas las colonias españolas en América.  Considerado uno de los peores reyes de España es recordado como cobarde y traidor. «Su Majestad el rey Carlos […] ha resuelto ceder, como cede por el presente, todos sus derechos sobre el trono de España y de las Indias Su Majestad el emperador». Así fue como en 1808 José Bonaparte, hermano de Napoleón llegó al trono español. Hecho que aprovecharon las colonias americanas para Independizarse. Si bien Fernando VII no fue el único responsable de este proceso, su gobierno autoritario y su falta de visión política contribuyeron a acelerar el colapso del imperio español en América.  Goya con su retrato del odiado monarca, convirtió al arte en protagonista de la historia.

 

Años después, en 1864, Napoleón III Instaló al emperador Maximiliano de Habsburgo en el poder en México.  Maximiliano, junto con otros dos sujetos, parado frente a un pelotón, los fusiles tan cerca que el humo cubre parte de su cuerpo, siete soldados apuntando directo al cuerpo, otro detrás con el fusil alzado. Algunos testigos asomados en una barda, el campo más allá. El emperador fue fusilado el 19 de junio de 1867 en el Cerro de las Campanas en Querétaro y sus últimas palabras fueron: «Voy a morir por una causa justa, la de la independencia y libertad de México. ¡Qué mi sangre selle las desgracias a mi nueva patria! ¡Viva México! ¡Viva la Independencia!». Fue ese instante o el imaginario de ese momento el que captó Édouard Manet en su cuadro: La ejecución de Maximiliano.




Manet

 

El noble austriaco como miembro de la Casa de Habsburgo, una de las dinastías más influyentes de Europa estaba imbuido de un sentido de destino imperial desde su nacimiento. Sin embargo, su ascenso al trono de México no fue simplemente un acto de ambición personal, sino el resultado de complejas intrigas geopolíticas. Impulsado por la intervención francesa en México y el deseo de expandir la influencia imperial en América Latina, se vio envuelto en un juego de poder internacional que eventualmente sellaría su destino.

 

La noticia del fusilamiento llegó a Europa en forma de crónicas acompañadas de grabados. No se tomaron fotografías, el ejército no lo permitió. La ejecución de Maximiliano de Manet es como un collage, una composición que llama la atención por moderna en tres planos horizontales.  Cada fragmento es una historia contada con una firme presencia material en tonalidades sutiles donde luz y oscuridad contrastan.  A menudo priorizaba la representación de la luz, el color y las formas sobre la precisión en el dibujo o la línea. Como precursor del impresionismo prefería una aproximación más libre y espontánea en su trabajo, buscando la tranquilidad y armonía en las manchas de color en lugar de concentrarse en los detalles lineales o en la meticulosa precisión. Esta tendencia refleja su inclinación por la captura de la esencia de una escena o un sujeto en lugar de preocuparse por su representación literal o detallada.

 

Manet se inspiró en la obra de Goya El 3 de mayo en Madrid o "Los fusilamientos" la cual representa la brutal represión de las fuerzas napoleónicas durante la Guerra de la Independencia Española. Tanto Goya como Manet exploran la relación compleja entre el poder y la tragedia, mostrando cómo el primero puede llevar inevitablemente a la segunda.

 

La ejecución de Maximiliano ha tenido un largo y complejo viaje desde su creación hasta la fragmentación, rescate, reconstrucción y la eventual adquisición por parte de la Galería Nacional. Fue Edgar Degas admirador de Manet quien finalmente reunió las piezas del cuadro en un solo lienzo como se exhibe hoy en día.

 

Estas obras comparten una preocupación común por la naturaleza del poder y su impacto en la condición humana.


Publicado en La Jornada Semanal


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